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Perdón uruguayos, yo también lo grite…

Perdón uruguayos, yo también lo grite…

 

Cuál si fuera el mas grande de los antónimos, esta nueva sección de Descarrilados empieza como termina nuestro programa; Pidiendo perdón.

Muchos “caretas”, nacionalistas, disfrazados cuál si fueran Supermans uruguayos, siendo su capa, el pabellón, dirán: “esa final de mierda yo no la miré”.

Pues nosotros sí, señores. Con recelo, como corresponde, pero atentamente.

En Montevideo, rondaban las 20:45, de aquel domingo negro. La lluvia empezaba a caer, cual presagio de lo que vendría. Cierto nuevo escritor, conductor del programa ya nombrado, terminaba su jornada de piiiii (Se utilizará dicha expresión cada vez que queramos hablar de cierta actividad que a los tacheros enoja mucho, simplemente para preservar la integridad del mismo).

Sin maníes, ni papitas (ni siquiera Manolo, que convengamos son mas baratas y mas ricas que las Lays) y mucho menos queso ni longaniza, me senté a ver dicho match. Las escuadras mas odiadas en mi corazón salían a la cancha, y en mí, se acentuaban esas ganas tremendas de que Bin Laden hiciera uso de mi cuerpo para hacer lo que Bin Laden mejor sabe hacer.

Empezó el partido, y cuál si fuera una novia en plena crisis con su homónimo, me levanté a preparar el mate; malhumorado, celoso, y hasta un poquito despechado, mirando la tele por encima del hombro. Simplemente esperando lo peor para ambos.

El primer tiempo terminó, y no fueron las expulsiones las que lograron engancharme en el partido. Ni siquiera el juez; sonriente, baboso, tomándole el pelo al peor de los chilenitos al final del primer tiempo. Nada de eso.

El único motivo por el cual pedí una pizza con aceitunas a Rossel para ver el segundo tiempo fue el gol que erró Higuaín.

Señoras, Señores… El morbo se había adueñado de mi cuerpo.

Ese morbo que nos hace ver por la ventana del 174 cada vez que vemos una moto chocada. Ese morbo por el cual no nos podíamos dormir cuando nuestros padres mandaban bola como locos en su cuarto.

Pues ese morbo se había metido en mi cabeza y deseaba, por lo menos, que a los porteños les costara muchísimo ganar esa copa.

El segundo tiempo nada dejo. Me dio tiempo para comer la pizza, la cual tenía 5 aceitunas y 10 gramos de mozzarella (la única explicación que le encontré al hecho fue que los de Rossel pensaron que era argentino o chileno. Asumo también, que la misma estaba escupida, por lo menos).

Vale aclarar, qué si bien odio incondicionalmente a ambas selecciones, al que menos odiaba antes de empezar la final era a Argentina, y concluyendo que sí o sí tenía que haber un ganador, si alguien debía de ganar para mí, era Argentina. Pero al final del segundo tiempo, no estaba tan seguro de eso.

El morbo, cuál si fuera una infección letal, se propagaba por mi cuerpo.

Como toda enfermedad letal, lo más difícil, es asumir que uno se va a piantar, y ese momento llegó cuando esbocé un “Buena Bravo”, al ver que el chilenito con guantes le sacó del ángulo el cabezazo al Kun.

Se venían los penales. Yo ya estaba entregado a la morbosidad extrema. Parecía que estaba viendo uno de esos programas de Moria Casán, donde la gente se agarraba a piñas y lloraba. Y mientras pensaba esto, escucho la voz del relator decir:

—¡Lo erró, Messi lo erró!

Entré en shock. Aproveché que nadie me miraba y sonreí, y no solo sonreí, sino que sonreí con sonrisa Colgate. La trama de la mejor de las películas morbosas que se pudieron inventar, estaba llegando a su fin.

En el momento que el chilenito pelado con cara de Macaluso saliendo de Azabache a las 6AM en pedo se para frente a la redonda, me sentí como un travestido del sentimiento que todavía no se anima a salir del ropero. Era una quinceañera con el mes.

Me sentía como cuando entras a McDonalds y no tenés nadie delante tuyo. La cajera te espera y vos no estás preparado para elegir que comer. Entonces te pones a mirar para arriba, desesperado, tratando de encontrar algo que te guste. Al final terminas eligiendo la de siempre, Doble Cuarto de Libra con Queso. Pero pasa una de las peores cosas que te pueden pasar. Te olvidas de decir la palabra que la transforma en especial. “Doble”.

Es que ya es tu amiga. Es “La Cuarto de Libra” para vos. Y al abrir el envoltorio, te sentís peor que cuando te dejo tu novia.

Volviendo al tema. Sentía que no sabía lo que quería. Pero no había tiempo para ponerse a pensar. Lo dejé en manos del destino.

Y sí… Perdón uruguayos, pero yo también lo grité. No fue como el grito del penal de Abreu, ni el del “Pelado” Cáceres en el partido contra Argentina. Pero fue grito al fin. Invadido por el morbo, lo grité. Y sin reflexión alguna, puse Fox en una tele y ESPN en la del cuarto. Era “Gollum” del Señor de los anillos, con el anillo en la mano. Fui el peor de los gusanos de este mundo, ¡y se sentía tan bien!

Entre el colorado puteando porque habían puesto su número de celular en las redes sociales, las cebollas, los tweet de los porteños, de los uruguayos, Messi anunciando que se iba, ESPN yendo y volviendo de los cortes sin música, cual luto, me di cuenta que ellos también lo estaban disfrutando, a su manera, pero lo estaban disfrutando.

Es que son así. No hay como los argentinos para hacer televisión. Por eso, a ellos también los perdonamos por ser como son.

Autor: El Gringo.

Perdón uruguayos, yo también lo grite…