Compartir
Refugiado iraní documenta su tragedia usando un celular

Refugiado iraní documenta su tragedia usando un celular

“Con el periodismo no logré ningún cambio en mi miserable situación; ya he agotado todas las capacidades de la lengua periodística pero todo ha sido en balde”, arranca así la entrevista realizada al periodista, escritor y poeta iraní de etnia kurda, Behrouz Boochani, que lleva más de cuatro años y medio estancado en un campamento para los solicitantes de asilo y refugiados, que él lo llama “prisión” en la isla de Manus del país insular pacífico Papúa Nueva Guinea (PNG). “Por eso decidí rodar una película documental sobre nuestra vida cotidiana llena de desesperación dentro de esta cárcel. El cine tiene mayor alcance y es capaz de hacer llegar el mensaje”, añade.

El documental, llamado “Chauka, dinos la hora, por favor” tuvo su estreno mundial en el festival internacional de cine de Sídney (Australia) en octubre de 2017 y ha sido mostrado en los festivales de Canberra, Adelaide, Darwin (Australia), y Gotemburgo (Suecia). Fue nominada en el mismo año al mejor documental en el BFI (Instituto de Cine Británico) de Londres y en mayo de 2018 participará en el festival internacional de documentales DocEdge de Nueva Zelanda. Sin embargo, este filme, aclamado tanto por los cineastas como los activistas de derechos humanos, celebra su primer estreno mundial en la plataforma de vídeos ‘Vimeo’ para llegar a una audiencia mucho más amplia.

La película es el fruto de la cooperación de dos años entre el refugiado Boochani y el director iraní, Arash Kamali Sarvestani, afincado en Amsterdam, quien había escuchado que centenares de niños junto a sus familias habían sido encarcelados en la República de Nauru a 4.000 kilómetros de Australia. Sin embargo, tanto por el difícil acceso a los internados como por su negativa de hablar con los medios por el temor de las represalias del Gobierno australiano en denegar su solicitud, el proyecto se quedó estancado. Esté no se rindió y luego de una incansable búsqueda llegó a conocer a Boochani a través de redes sociales, se puso en contacto con él, se entendieron y se pusieron a trabajar.

Boochani se sirvió de un smartphone y empezó a grabar a hurtadillas puesto que se lo incautaban si lo descubrían grabando imágenes para luego divulgarlas en el mundo. “Fue muy difícil”, recuerda. “Tenía que esconder el móvil para que no me lo quitasen. Era un proyecto secreto yo le había dicho a unas ciertas persona en confianza”.

A la pregunta “¿cuánto tiempo llevó en grabar vídeos?”, no pudo contestar ya que para los internados “el concepto de tiempo no existe en la cárcel. Aquí la vida no fluye”. “Nosotros no llevamos la cuenta de los meses o años. Por eso no te puedo decir cuándo exactamente empecé o terminé la película”, afirma en la entrevista.

“Yo grababa unos vídeos de dos o tres minutos y se los mandaba a Arash (Kamali Sarvestani), él lo editaba y me los devolvía, todo a través de Whatsapp”, apunta el periodista, “Era muy difícil hablar con un solicitante de asilo o refugiado que ha sido torturado y padecido de daños físicos o mentales durante más de cuatro años en esta isla y que no sabe cómo será su futuro, sí saldrá de esta prisión o no. Son reacios, no tienen paciencia ni confianza, tampoco aguardan alguna esperanza”.

El 19 de julio de 2013, el Gobierno australiano del primer ministro laborista Kevin Rudd trasladó, contra su voluntad, a casi 2.000 solicitantes de asilo, que intentaron llegar a Australia en pateras desde Indonesia sin papeles, a dos de sus ex colonias en el océano Pacífico; Nauru es la república más pequeña del mundo de tan solo 21 kilómetros cuadrados con 10.000 habitantes. Según la última actualización de Indrika Ratwatte, el director del Buró de Asia y Pacífico del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR, en inglés UNHCR), 1.100 refugiados y solicitantes de asilo (hombres, mujeres y niños) malviven en unos campos hacinados sin augurar una pronta salida.

Más de 2.000 kilómetros al oeste de Nauru, se ubica la isla de Los Negros, también conocida como la isla de Manus, una de casi 600 islas que forman parte del territorio del país Papúa Nueva Guinea. En este campamento, denominado por Australia como el “Centro Regional de Procesamiento”, viven 800 hombres de diferentes nacionalidades como iraníes, iraquíes, sirios y rohingyas. El Gobierno de Australia, con sede en la capital Canberra, no les permite reasentarse en su territorio, además ha encallado la oferta de acogida de Nueva Zelanda. La única salida que existe es un acuerdo con Estados Unidos, bajo el cual Washington aceptará sólo a 200 refugiados. Tras cuatro años y medio, su situación sigue enconada y empantanada.

El guión enhebra las historias de tres iraníes, Amin, Kave y Hatam, que han pasado unos días en una prisión incomunicada en las afueras del campamento, diseñada para “castigar a los que no se compartan mal”. Esta prisión se llamaba Chauka tras el nombre de una especie de ave mítico, que sólo reside en esta isla papú. “Chauka en la cultura de Manus es un pájaro sagrado cuyos cantos anidan presagios de la muerte, nacimiento, amor y la verdad”, explica Boochani, que también ha estado en esta cárcel. “Después de 18 meses de encarcelamiento, hicimos una huelga de hambre en protesta a la situación en la que nos encontrábamos. Me apresaron como uno de los cabecillas y me llevaron a esta prisión” cuenta el refugiado. “Era horrible. No teníamos nada de comer, tampoco nos daban cigarrillos. Un atardecer Chauka se sentó en un árbol cerca de la cárcel y empezó a cantar, era una escena muy terrorífica, me la pasé fatal”.